La formación permanente del profesorado


El tema que vamos a tratar hoy, a mi parecer, es de suma importancia no solo en la profesión docente, sino en cualquier profesión existente. La formación continua es un deber necesario en cualquier trabajo dado a que la sociedad avanza tan rápido como las tecnologías y a pasos desmesurados. Luego, no debe sonar raro hablar de la formación permanente del profesorado. Precisamente de eso os hablo a continuación en este post.

Para hablar de la formación permanente del profesorado debemos remontarnos a finales de la década de los 80, cuando se crean los Centros del Profesorado (CEP) en Andalucía. Los CEP no sólo eran el núcleo del debate para la mejora educativa, sino que por su carácter institucional ya disfrutaban de distintas modalidades formativas. Sin embargo, hasta la llegada de la LOGSE en 1990 no se reconoce el derecho a la formación por parte del profesorado. La entrada en vigor de esta nueva Ley Educativa trajo consigo numerosos cambios y mejoras, entre los que se encuentra el I Plan Andaluz de Formación (1992), lo que derivó al Sistema Andaluz de Formación del Profesorado (1997) y, finalmente al II Plan de Formación Permanente del Profesorado en 2003. Posteriormente, tras el paso de LOGSE a LOE en 2006 y con la LEA en 2007 se introdujeron novedades dentro de la formación permanente del profesorado, pero no fue hasta 2010 cuando se implantó la mayor de las novedades: la creación de Departamentos de Formación, Evaluación e Innovación Educativa (FEIE) en Secundaria. Estos departamentos son los encargados de realizar el diagnóstico de necesidades formativas, así como de la propuesta y coordinación de actividades de cada curso escolar. El marco organizativo del plan actual de formación del profesorado se extrae del Decreto 93 (2013) y de este, justo un año después en 2014, se deriva el III Plan de Formación Permanente del Profesorado. Este último Plan incluye 5 líneas estratégicas de formación del profesorado: 1) vinculada a la mejora de las prácticas educativas, el rendimiento y éxito educativo de todo el alumnado; 2) como factor clave para el perfeccionamiento continuo y la capacitación profesional docente; 3) como impulsora de la investigación e innovación docente, así como de las buenas prácticas educativas; 4) como apoyo a la transformación de los centros educativos en entornos colaborativos de aprendizaje y formación donde toda la comunidad educativa sea partícipe; y 5) como herramienta para conectar la educación con la realidad productiva y el empleo a través de la enseñanza profesional, enseñanzas artísticas, EOI y educación  permanente.
Entre las acciones prioritarias encontramos la autoformación, bien por medio de grupos de trabajo, proyectos formativos en centros y a través de formación específica vinculada a programas educativos como son la Ecoescuela y el PLC. A esta modalidad, sumamos otras de carácter complementario como son los talleres, encuentros, jornadas, congresos, cursos (presenciales, semipresenciales y a distancia), etc.
Luego, el plan de formación permanente del profesorado debe estar consensuado por los centros y, por ende, debe formar parte de su Proyecto educativo. Para ello, se apoyan en las llamadas Asesorías de referencia, cuya función principal es atender las necesidades educativas de un centro a partir de la autoevaluación, asesorando tanto al equipo directivo como a la organización de atención pedagógica. Entre otras de las funciones de estas asesorías se encuentra la programación de actividades acorde con el Plan Andaluz de Formación del Profesorado, la difusión de buenas prácticas detectadas en centros educativos y la divulgación de actividades programadas por el centro de profesorado.
En resumidas cuentas, la formación permanente no solo está destinada al personal docente tal y como su nombre indica, sino que también está destinada a las familias de los alumnos. Esta surge del interés por solventar la carencia de formación en un área específica y su interés emana de dos vías: 1) el interés personal por parte del profesorado o de los familiares del alumnado, o 2) por parte del centro como propuesta del Plan de Mejora. Cuando el interés procede del centro, quiere decir que previamente se ha sometido a una autoevaluación debido a la presencia de problemas específicos ya sea a principio de curso o a mitad de curso por algún cambio que se haya dado en el centro. De manera que, tras conocer los resultados de este “examen del centro”, se extraen unas conclusiones que permitirán tratar las necesidades del centro desde múltiples perspectivas con el fin de acabar con el problema. Así pues, la formación permanente se considera un factor clave para la mejora de la competencia profesional, pues afronta los retos del sistema educativo adaptando la enseñanza a las necesidades del alumnado; dotando al profesorado de estrategias que les permita gestionar la diversidad, además de tener acceso a estrategias de innovación docente e investigación; facilitando la convivencia en los centros; formando al profesorado en las TIC; favoreciendo la cooperación familia-escuela; contribuyendo al dominio de la competencia comunicativa y el resto de competencias clave en, al menos, una segunda lengua; ayudando en el ejercicio de la función directiva y la coordinación docente en los centros y, posibilitando la formación en la igualdad entre hombres y mujeres, coeducación y violencia de género. Todo esto se verá reflejado en una mejora de los resultados de aprendizaje del alumnado y, a su vez, conducirá a la mejora de la calidad del sistema educativo en sí.

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